lunes, 17 de agosto de 2009

La barbacoa



Cuenta mi padre que en una ocasión, en verano, harto de la ciudad y de las vacaciones veraniegas en la playa, quiso resucitar su juventud llevándose a Mamá a su pueblo con la intención de comer en el campo unas longanizas o así a la brasa. Creo que yo, y estoy seguro que Cukecito, no habíamos nacido.

Ahora la carretera y los coches han mejorado mucho pero aquel viaje de verano de la playa al pueblo era infernal. EL mismo calor que ahora, con carreteras mucho peores, atestadas de coches y camiones, sin aire acondicionando y sin autopista. Además los coches desprendían casi todos un olor a gasolina que era la leche y las náuseas no se quitaban en 5 días después de una excursión de aquellas. Hoy el viaje nos lleva una hora y cuarto como mucho. En aquel entonces de la serie CUENTAME de tres horas no bajabas.

Es cosa clara que a la parejita su familia no podía dejarles solos por el pueblo. A ver que iban a pensar. Por otro lado, el concepto de barbacoa no existía y el de lo bien hecho, en mi casa, tampoco ( y más si se trata de algo desconocido o gitanesco, como es comer a la intemperie.... "el campo para las margaritas" deben pensar..)

El caso es que cuando llegaron a la parcela en la que hacer su ágape estival no tenían leña, cosa nada rara, porque la leña la queman igual que los rastrojos en la mancha en otoño, en cualquier rato tonto que no tengan nada que hacer. Uno que anda a menudo por allí, para hacer el fuego, arrimó unos sacos de papel de cemento, de los de la la eterna obra de al lado, para lograr hacer llama , y con esos sacos otros de plástico de los abonos del campo con restos de los nitratos y guano pegados....

La cosa no pintaba nada bien, el olor de aquello quemado no iba a ser nada placentero para el paladar con las longanizas... pero bueno...

El calor aumentaba a cada rato. En toda la parcela no había una sombra, ni la piscina estaba limpia para refrescarse. No había agua corriente, y la canícula de agosto no ayudaba a superar el malestar, el bochorno, el cansancio, el asco de fuego que estaban haciendo. Por otro lado, las moscas, numerosas, molestas y pegajosas debían ser ya el punto y final de aquello.

Al final, estaban todos comiendo de pie sobrellevando estoicamente la ocurrencia de mi padre. Porque estas cosas siempre se le ocurren a mi padre que es el ocurrente de la familia.

Comían directamente de las latas. Y las latas de conserva en casa son para los mejillones, las sardinas y las anchoas. Todo el mundo sabe que las anchoas en lata son de lo mejor para comer en el campo. Entran de maravilla, no dan sed y acompañan a las moscas.

El ágape llegó a su momento culminante cuando apareció por el camino un perro delgadísimo, abandonado, sarnoso y lleno de garrapatas. Al olor del fuego apareció el pobre para ver si pescaba algo.
Sus andares eran los de una culebrilla del campo. Su espalda se ondulaba de izquierda a derecha al andar. Debía haber sido atropellado por la carretera y andaba "descordado" como los toros en la plaza cuando se caen o les pican mal. Dice mi padre que cuando lo vio, a lo anterior se le sumó la pena, y ya no pudo comer nada más, pese a que en su ánimo debía querer ser el alma de la fiesta.

Si aquel día hubiese aparecido por la puerta de casa un cortejo funerario con el finado a hombros y sin caja, el mal trago para aquellos comensales no hubiese sido peor.

Siempre pensé que mi familia no estaba para la vida moderna y que lo suyo es la reclusión y el más exquisito respeto por las normas , usos y costumbres impuestas por mi abuelo.

Y eso lo he estado pensando hasta ayer mismo.


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¡¡ cómo mola que te inviten a una barbacoa!!

el plan pintaba bien. Piscinita, cervecitas, y luego barbacoa de costillas, panceta, cosas sin colesterol y que no engordan. Nosotros llevábamos la bebida.

Quedamos en un chalet, de la hermana del homenajeado.

Una vez que dimos 5 vueltas a una palmera y al mismo chalet, en un pueblo con calles sin nombre, y ordenadas por números, logramos hallar el hotelito.

Sale a recibirnos un toro y un pastor alemán. Al final, el toro resultó ser un cachorro de 8 meses que pesaría unos 50 kilos. Guapo , con aspecto de bull dog, era tierno y simpático como cualquier otro cachorro de perro de 7 meses... Su ama, con orgullo , nos comentó a todos que aún le quedaban unos 20 kilos por engordar ( madre mía, los mismos que tengo que adelgazar yo, pensé)


El pastor alemán. Pequeñito, con mucho pedigrí, resultó ser más simpático aún. De los que te dejan en los pies un juguete para que se lo lances.. Craso error, a la que hice caso al perro, el tío no se separaba de mi...

Resulta ser un caso de esos de "El Encantador de perros" en el que el perro, que no ladra , no te mira, no reacciona a las voces, gritos o grandes aspavientos, se queda mirando obsesiva y compulsivamente cualquier juguete que encuentra y si no consigue hacerte mover, lo coge con la boca y te lo deja en la mano o a tus pies para que se lo tires. Siempre sin perder de vista el juguete. Estaba claro que era un cruce de 9 generación entre padres e hijas, porque un perro tan trastornado no es normal.

Ya se sabe que los metros cuadrados son caros, y en fin. Doce adultos, un niño de tres años, y un toro y un pastor alemán pues muy anchos no estaban en el jardincillo del hotelito.

A lo largo de la tarde mi miedo siempre fue que alguien se cayese de espaldas al suelo por tropezar ora con el toro, ora con el pastor alemán , ora con alguno de los juguetes del perro pirado, que eran grandes, y además estaban completamente mojados por sus babas. Como además había carros de niños... aquello era peor que la calle Colón en Valencia un sábado por la tarde.

Lo simpático del toro era que, en sus vueltas entre nosotros, pisaba con cualquiera de sus pezuñas exclusivamente a los que iban descalzos. Además arañaba. Eso si, te miraba con una ternura increíble para un perrazo de su tamaño cuando le regañabas


En cuanto a la barbacoa y sus brasas... Primero fue encender unas yescas de carbón que mucho no tiraban, y cuando lo hicieron, como era poco, pusieron un saco de carbón completo, sobre la cocinita encima de la anterior... sin sacar del cartón.... El cartón del carbón, al prender, se deshacia en virutas que subían con el aire caliente e incandescentes, y caían en forma de ceniza. Aquello era exactamente igual a la cremá de las fallas.

Para acabar de arreglarlo, el carbón no cogía calor, por lo que hubo que añadir más petróleo prensado....

La carne iba a saber bien: cartón, petróleo, carbón.... Yo me acordaba del "CAstellano Viejo" de Larra, pero no quise mencionarlo porque pocos libros he visto en las casas de estos congéneres.

Por otro lado, el homenajeado, estaba empeñado en hacernos beber cuatro cajas (es decir, 24 botellas) de sidra recién traída de Asturias. El sistema consistía en que el escanciaba y nos daba a beber un taponazo que se bebe del tirón.... Mi mareo een el tercer vaso era notable, y mi ardor de estómago mejor aún. Yo y la fruta frescas somos incompatibles. Mejor me lo apunto para la próxima.


continuará

1 comentario:

Cuke dijo...

No confundir piscina con alberca...

A ver, a ver